Ciudades Imposibles- Aristeo Mora

Ciudades Imposibles es una plataforma que estudia y analiza la forma en que los proyectos arquitectónicos y urbanísticos inconclusos o fallidos afectan distintas ciudades en el mundo. El proyecto se desarrolla a partir de diferentes prácticas que tienen la intención de investigar las posibilidades y consecuencias de los futuros imaginados en el pasado de nuestras ciudades.

Ciudades imposibles Bucaramanga fue un museo provisional que albergó una colección fantasma compuesta por las recreaciones de planos, maquetas y vestigios de las obras arquitectónicas y urbanísticas proyectadas y nunca realizadas en la ciudad de Bucaramanga a partir de 1900. La colección de este museo aparecía de forma intermitente en los espacios del antiguo Club Los Profesionales de Bucaramanga. Realizamos recorridos guiados a través de este edificio para revivir los proyectos fallidos y visualizar cómo sería Bucaramanga si se hubieran llevado a cabo.

La visitas por este lugar fueron activadas con la ayuda de una serie de pistas sonoras generadas in situ para el propio museo en el interior del edificio, haciendo uso de las sonoridades de los materiales del espacio, suelos, paredes, objetos y sonidos ambientales que dialogaban con una serie de narraciones que le permitieron al público adentrarse en la utopía de Bucaramanga.

Los recorridos fueron activados por un grupo de guías y músicos, quienes condujeron a los espectadores en una especie de “travelling” a través de la historia de la ciudad imposible de Bucaramanga.

Aristeo Mora

Hola,
Probablemente no sepan quiénes somos, así que antes de seguir con este recorrido nos gustaría contarles algunas cosas.

Nos gustaría contarles, por ejemplo, que esta obra empezó en México, pero que en ese momento solo éramos tres personas en el equipo: Aristeo, Kenji y Cecilia. Después, como siempre pasa, se sumaron más amigos: Adriana y Lucía vinieron a darle vida a los planos, Alexis y Mike fueron quienes los consiguieron, Néstor nos ayudó a acceder a los lugares donde estaba la información, Samuel nos habló de los archivos perdidos de Bucaramanga y un grupo de músicos y artistas se sumaron para crear este recorrido por la historia de la ciudad a la que nos habían invitado.

Quisimos hablar de Bucaramanga y nos dimos cuenta de que por cada habitante hay una ciudad, y de que esas ciudades a veces tienen mucho en común y a veces no. También nos dimos cuenta de que muchas de esas ciudades ya no existen, porque desaparecieron; y que muchas otras nunca llegaron a existir. Que solo llegaron a ser promesas. Promesas que no se cumplieron y que todavía andan como fantasmas entre los muros de la ciudad real en la que caminamos todos los días. Porque las promesas no siempre se olvidan tan fácil como nos gustaría, casi siempre permanecen, aunque solo sea como un recuerdo lejano y borroso.

De esa Bucaramanga decidimos hablar: de la que nos prometieron. De la que nunca fue. De la ciudad que pudo haber sido o debería haber sido o nos dijeron que iba a ser. De los recuerdos que no tenemos, pero que alguna vez creímos que íbamos a tener, porque así también lo creyeron nuestros padres o nuestros abuelos.
Decidimos leer en los lugares que nos prometieron construir, esos que iban a cambiar nuestras vidas para mejor, las intenciones de las personas que nos precedieron.

Así que empezamos a buscar datos sobre la historia de Bucaramanga. Información objetiva, certera, precisa, que nos permitiera formarnos una idea exacta de cómo había sido el devenir de esta ciudad. Información que nos permitiera elaborar una lista de todas las promesas que nos habían hecho y que nos ayudara a entender por qué no se habían cumplido y a decidir si acaso es mejor que haya sido así.

¿Pero dónde se guarda la memoria de una ciudad?

Samuel fue el primer historiador con el que entramos en contacto cuando empezamos a trabajar. Él ya lleva muchos años investigando proyectos fallidos de Bucaramanga. Después encontramos a Alexis y a Mike, que también son historiadores. Ellos entraron en los archivos de la ciudad, en Bogotá y en Medellín, para conseguir planos de los proyectos. Fue complicado porque la mayoría son proyectos privados así que su memoria no se resguardó en ningún archivo público. De hecho, mucho material fue rescatado de internet o del archivo personal que Alexis tiene.

Alexis es un historiador bastante atípico, él colecciona cosas que le parecen raras porque está seguro de que en algún momento serán valiosas para contar la historia de Bucaramanga. Cuando Mike iba a los archivos, Alexis le decía: “lo más raro que encuentres, a eso sácale foto, seguro que eso nos sirve más que los planos y libros con informaciones generales”. Alexis y Mike, de hecho, todavía no han terminado la investigación que iban a hacer para esta obra, porque el trabajo es mucho y es difícil, pero, con lo que tenemos hasta hoy, Mike ya montó unas fichas con mucha información, que podrán ver con más calma al final de la obra.

1. Los vestigios

En 1910 mirar el futuro con esperanza parecía una idea razonable. Tanto que en el acto de inauguración del Centro de Industriales y Obreros, aquí en Bucaramanga, el señor Jorge Villamizar dijo:

Este suelo excepcionalmente fértil, esconde en sus entrañas tesoros inagotables en metales y piedras preciosas. Él y Rusia son los únicos productores de platino que se consume en el globo; en grandes cantidades el oro, para sustituir nuestro inmundo papel moneda; el hierro y el acero que descuajarán nuestras selvas seculares, y convertidos en rieles y locomotoras, traerán el progreso a impulsos del vapor, gracias al ingenio del inmortal Watt; el plomo, no ya para el proyectil fratricida, sino aliado al estaño servirá en forma de tipos para vaciar en ellos las ideas redentoras de la civilización; el carbón mineral, energía almacenada por los candentes rayos de un sol tropical, la devolverá en forma de luz, fuerza, calor, y transformará el marasmo de nuestros rutinarios talleres en el vertiginoso girar de las máquinas.

Durante nuestra investigación nos encontramos con muchos planos de diferentes épocas y proyectos. Papeles, algunos viejos, algunos ya amarillos, surcados por líneas de tinta y grafito. Muchas casi borradas, a punto de desaparecer. Líneas que eran calles, edificios, zonas comerciales, plazas públicas, casas nuevas en barrios amplios de precios accesibles para los hombres y mujeres que trabajaban juntos y que traerían la prosperidad a Bucaramanga. Planos de la Mutualista, de Sotomayor, de El Prado, de la Victoria, de Real de Minas, de Ruitoque. Planos de la solidaridad y la ayuda mutua, de una ciudad entera construida en pos del bien común. Planos de una ciudad diseñada como una empresa.
Planos en los que, si se hace un esfuerzo y se invierte un poco de imaginación, se alcanza a ver la metrópoli que les prometieron a quienes llegaban a poblar esta tierra de montañas y quebradas.

La sociedad mutual se desplegaría en una ciudad planificada justo para eso. Planear la ciudad era planear la sociedad. El desarrollo urbano sería el factor más importante del progreso, porque haría avanzar a la sociedad hacia la mutualidad.

La leyenda que acompaña esos planos es la del discurso de quienes prometieron esa ciudad. En La Vanguardia Liberal de un día de 1922, alguien escribía:

“Tal es, a grandes rasgos, el diseño vital de la ciudad que se apellida “La sultana de Suratá” y también “La Ciudad Promesa”, con sobra de razón, pues cuando terminen su ferrocarril y acueducto y se desarrolle ampliamente la industria petrolera, en la cual es riquísima la región, vendrán para la ciudad épocas que llenarán de asombro a los extraños y de orgullo a sus hijos…”

Los ordenamientos urbanos a los que pertenecían estos planos, construidos por iniciativa privada, con el tiempo perderían su relación con la empresa que los construyó y pasarían a ser propiedad de quienes los habitaban.

Imagina una ciudad en donde sus habitantes se apoyan los unos a los otros,
una ciudad que crece al compás de la vida de esas personas.
Esa era la ciudad que nos prometieron,
¿Qué vestigios nos quedan de aquella promesa?

Aristeo Mora

Una ciudad es una creación colectiva y puede leerse como un testimonio de las costumbres, los conocimientos y el modo de vida de quienes la construyen y habitan. Los vestigios arquitectónicos hablan de sus habitantes: son a la vez causa y consecuencia de sus acciones. Quienes construyen plasman en su obra su visión del mundo: sus intereses económicos y sociales.

2.Ciudad en ciernes

La geografía impone condiciones y límites a las ciudades:
Bucaramanga está en una meseta rodeada de montañas y quebradas.
Accidentes geográficos que hicieron que se sintiera aislada del resto del país durante mucho tiempo.
La ciudad se levanta sobre un suelo al que el agua desplaza, un suelo que tiende a desaparecer.

A principios del siglo XIX se construye el sistema de drenajes y acueductos de la ciudad; túneles subterráneos, represas y canales que modifican la forma del territorio, alterando el cauce de los ríos y borrando los rastros que el agua solía dejar a su paso.

En la actualidad muchos ríos corren bajo nuestros pies, muchos acueductos hay sepultados bajo el pavimento. La forma de nuestra ciudad, su trazado, ya no la marca el curso del agua, sino las calles que hemos colocado según nuestra idea de lo práctico y lo conveniente. Sin embargo, todavía hoy se siguen inundando muchas zonas de la ciudad. Las zonas por las que solían pasar ríos. Sin importar lo que nosotros decidamos, el agua siempre reclama su territorio.

¿Quién ordena una ciudad?

A mediados del siglo XX los índices de natalidad subían mientras miles de inmigrantes llegaban a Bucaramanga desde el resto del país, escapando de la violencia y la miseria. Así que la periferia de la ciudad, ahí donde el terreno sufre más problemas de erosión, donde la tierra más se deshace bajo los pies de quien la pisa, comenzó a llenarse de asentamientos precarios.

Es aquí cuando se elaboran los planes de Renovación de la Ciudad, de Ordenamiento, de Desarrollo de Vivienda Pública, los de Recuperación del Centro Histórico, de Ordenamiento de 1950 a 1982, de Renovación de la zona de la Rosita, de Creación de una Zona Metropolitana para Bucaramanga y muchos más que nunca llegan a ser suficiente.

¿Cuántas ciudades diferentes imaginamos?
¿Cuántas nos prometieron?
¿Cuántas Bucaramangas proyectamos y dibujamos?
¿Cuántos de esos dibujos se han borrado ya?
¿Cuáles son los que recordamos todavía?
Si la ciudad prometida apareciera ¿Sería realmente la solución a nuestros problemas?
¿Nos ayudaría a vivir la vida que queremos vivir?
¿Existe una ciudad que sea buena para todos los que la habitan?

3.Ciudad promesa

Ahora, Bucaramanga se ha llenado edificios. El ruido de grúas, martillos y sierras ha reemplazado a las cigarras que cantaban en verano. ‘La Pequeña Manhattan’ le dicen ahora a Bucaramanga, realmente la llaman así hoy en día. Quizá era esto lo que nos hacía falta. Quizá los dueños de la ciudad tenían razón. Quizá el destino de Bucaramanga era este: ser el reflejo de la economía colombiana, sana, boyante. El destino de Bucaramanga era ser la ciudad de los hijos rebeldes. Los que no aceptaron su destino. Los hijos que tomaron las riendas de su vida y se enriquecieron. Los medios que emplearon para enriquecerse los sabrán ellos, pero no son de nuestra incumbencia. A nosotros solo nos toca vivir en la ciudad a la que los rebeldes llegan y en la que como alquimistas convierten su dinero en ladrillos y los ladrillos en torres blancas. Torres tan altas que les permiten ver el futuro, pero no lo que pasa abajo, a su alrededor, en el presente. Lo que está sucio, en Bucaramanga se lava, y hasta el dinero, ese papel moneda inmundo del que hablaba Jorge Villamizar, se vuelve bonito, como la ciudad.

En las orillas, sin embargo, se siguen acumulando personas. Los que no encuentran lugar en la ciudad siempre son indeseables, porque le recuerdan a la ciudad su fracaso. Los indeseables son la prueba viviente de que las promesas casi siempre se quedan solo en eso. La prueba de que por mucho que se lave, algunas manchas no se quitan, y que por mucho que intentemos olvidar, algunos fantasmas no descansan nunca.

Aristeo Mora Aristeo Mora

4. El futuro

Mirando a nuestro alrededor, aquí mismo donde ahora estamos, puede verse que la ciudad reclama rápido la tierra que no se usa. Que bastan solo un par de años de abandono para que la naturaleza exija que se le devuelva lo que es suyo, para que lo tome sin pedir permiso.

¿Qué ciudad piden estos montes, estas quebradas, estos ríos, estos murciélagos?

¿Quién vendrá aquí después de nosotros? ¿De quién será esta ciudad?

Aristeo Mora

Los fantasmas que los acompañarán serán los de las promesas que nosotros les hagamos. Quizá no nos recuerden a nosotros, pero recordarán lo que les prometimos, así que es importante no dejar de proyectar, no dejar de desear algo para un futuro, aunque no sea para el nuestro. Confiar en que alguna vez, alguien encontrará los planos que dibujamos y los entenderá, aunque el tiempo ya esté a punto de borrarlos. Solo hay que tener en cuenta una pequeña cosa:

Debemos pensar bien nuestras promesas. No se pueden crear fantasmas a la ligera.

Dirección: Aristeo Mora.
Instalaciones en el espacio: Adriana Salazar.
Música: Kenji Kishi.
Asistencia de dirección: Luis Falcón.
Vestuario: Pablo Villalpando.
Investigación y archivo: Alexis Acero Rangel, Michael
Pacheco González.
Restauración y maquetación de planos: Lucia Ortiz.
Producción: Daniela López.
Locución: Paola Covelli.
Ejecución:
Juan David Lozano González.
Stella Echavez Aguilar.
Daniel Convers.
Vanessa Lopez.
Ingeniería de sonido: Ricardo Andres Barreto Lugo.
Guía: Nicolás Usaquen Rubiano.

Bucaramanga 24, 25, 26 y 27 de noviembre del 2018.

*Consulta las fichas de los proyectos inconclusos haciendo click aquí, y todos los archivos, planos e imágenes disponibles, aquí.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *